Describo mi avance en círculos concéntricos,
como escribe la edad en un árbol centenario.
Mi luz también se expande en ondas
cuando rompo con una palabra
la tensión superficial del papel.
Con mis manos arranco escoria y metales
de las entrañas de la Tierra,
sorprendida por el olor a barro, a moho
a desagüe, a cadáver, a flor intensa.
Desbrozo el paisaje de ensoñaciones
evitando las autopistas de peaje
y probar frutos ajenos.
Escribo sin contemplar
qué rompen mis palabras.