De
las chispas que saltan entre un yunque y un martillo
nace
un hombre decidido a ser un arma.
Es
su voluntad dominar las piedras
y en
un extremo exhibe su alegato.
El
hombre atiza las brasas de su fragua al rojo,
golpea
la materia y la bisela cuadrando su enigma.
Torre
cegada,
tiene
una cicatriz en un costado.
De
las gotas que saltan entre un vaso y su botella
nace
una mujer decidida a ser amarga.
Hace
sonar un crótalo de cobre,
y en
su anular de ámbar propone un desafío.
La
mujer oculta un corazón de lava maniatado,
eje
central de complejos engranajes.
Escollo
sin faro,
en
la frente lleva un hilo rojo.
Hombre
y mujer son hijos de un mismo delta salado.
En
ellos, y en su simbiosis errónea,
el
fuego pervierte su naturaleza elemental
y da
por fruto una quijada.