Si de improviso despierta
envuelto entre tus sentidos
mi recuerdo, no lo acunes;
deja que con savia joven
se alimente y dé sus frutos.
Que no asome en tierra estéril,
ni eclipse la noche llena
ningún trueno.
Ven a mí sin previo aviso,
que todo está preparado
para sustentar un techo
donde puedan habitar,
resguardados de la lluvia
mansa del tiempo perdido,
los olvidos, el deseo,
la furia herida y la calma.
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