El ojo del cielo traza el horizonte
con un compás abierto
y tiñe de amarillo en diagonales
este vestido verde de los días
sobre las lascas negras que se asoman
El aire va cargando con los frutos
sonoros que desprende
de cada árbol, empeño de las plumas
en ramas que se inclinan y te escuchan
y vuelan murmurando a tus espaldas
El tomillo se empeña en despertarte
y llega sin aviso
cuando la intensa jara se adelanta
De cristal y presente es siempre el viento
incapaz de esconderse en su perfume
Con un hilo de seda y de agua, un brote
nacido anteayer
va tañendo despacio tus tobillos
al entrar al arroyo en el que ahogas
el cansancio en el limo a tu pisada
Regusto de uva y setas en septiembre,
del humo del sarmiento
contra el dulzor del higo y la ciruela
Con pan sabe mejor todo el esfuerzo
y con las migas pasan las espinas
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