En un vagón del metro,
dos flores frescas a mi lado
huelen a fruta
cargada de agua
Ráfagas de brisa de ultramar
llegan a oleadas cada vez
que abren las puertas
Traen el cabello brillante de monzón,
el vigor de las aguas de sus ríos
en los gestos,
la sal, al hablar, de un mar sin olas
y la luz equidistante
en la mirada
Hay un sabor distinto
ahora en el túnel,
otro mundo te toca en el hombro
y te pregunta
si tú también
sales
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