Sé que no puedo mejorar la luz del día,
que los golpes se hunden y anidan en la carne.
Mis pies de enredadera se clavan en el suelo,
mi cintura se dobla en un ángulo agudo
y en el cuello me nacen unas flores moradas
que alargan sus raíces para cerrar un pacto.
Hay un silencio esencial bajo el ruido mordiente
que desvela la llana geometría de las cosas:
la huella del vómito, siempre es estrellada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario