Arrumbada en aquel desván oscuro,
factura de una vida interrumpida,
tu médula de silla se rebela
clavando las raíces en el suelo.
Del respaldo se asoman desvalidas
dos ramas verdes de hojas incipientes
y cinco flores tristes de árbol joven
que sufre al ver su savia refrenada.
Tres cerezas me das en primavera,
fruto escaso del día pasajero
de un tren que no salió con el silbato.
Por añorar el sol en tu regazo,
quien se sienta a vivir siempre en presente
languidece contigo y con la tarde.
Ilustración de Asen Stareishinski

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