Un triste son urbano de ventanas
que me moja con gotas ateridas
y desmaquilla caras sorprendidas
en un subir la cuesta en calles llanas,
de árboles que, atusándose las yemas,
sacuden con sus nudos la ceniza
y se ajustan la bata escurridiza
para abrirnos la puerta sin sus gemas,
de asfalto que no puede hacer alarde
de resumir mi huella en este día
sin que el agua le impida que se guarde.
Cuánto rumor callado se deslía
mojado en el café de media tarde
que me han servido en esta mesa fría.
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