Han sido siempre dos y ahora es uno,
desafiando las reglas de armonía
que me dan calma y rigen la manía
de guardar par lo par, que no desuno
lo que ya ha unido Dios, y es oportuno
saber sobrevivir a la entropía
cuando yo llevo un pie que se me enfría
al duro amanecer del desayuno.
Al recordar tu forma de sudario
siento que tengo solo media vida,
y medio cuerpo opina lo contrario.
Te imagino al rehuir la despedida
desairando al que fuera tu adversario,
que ni exime en el cesto, ni te olvida.
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