Por un roce casual de las manos
Inmensos bloques de hielo se deslizan
Por cruzar la frontera de unos ojos
una avalancha rompe el silencio
Por un beso febril en unos labios fríos
los líquenes renacen en el desierto nival
Por desabrochar los botones de una camisa
una ballena hace estallar el agua bajo su peso
Por una voz grave al oído
el hielo se fractura con un ruido seco
Por el tacto en la mejilla del dorso de una mano
el blanco se decanta del plomo del horizonte
Los hielos se funden y las aguas anegan
por un abrazo
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