Camino entre cordilleras
sin importarme nada la opinión de las plantas.
Mi frente es el vértice que divide el viento.
Escucho la música que salta desde las azoteas,
donde las cuerdas se tañen con el aire.
Trenzo mis pensamientos con un hilo de estaño.
Mi sombra se desdobla transparente
para contar por mí las baldosas impares.
Juego con las líneas de la acera entre los dedos.
Mis ojos de árbol sospechan del horizonte,
no creen en la lluvia que cae de madrugada.
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