Eres, Amor,
un asaltante tras la esquina.
Eres la intención perversa de un anuncio,
las llaves en el bolso que no encuentro,
una voz grave instalada en mi sistema
y un temblor de tierra interrumpido.
Eres, Amor,
la ansiedad de los aeropuertos,
el helecho en los estratos de mi historia,
el vigor de las raíces que levantan las aceras,
un semáforo indiscutiblemente en verde,
la voluntad a horcajadas en un banco
y el regusto a tabaco en las encías.
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