que llegaré envuelta en diminutos cristales
y con los pies quemados por la arena de Sonora
Voy sin más sombra ni más agua que la mía,
obviando el cascabel traslúcido de la serpiente
En este viaje decisivo,
he aprendido que con mi cuerpo
no puedo parar todas las balas
Algunas pasan silbándome al oído
la canción rocosa del alacrán
y de su deseo acorazado
Con dos piedras ahuyento a los coyotes
que se asoman curiosos al filo del sendero
Me siguen desde siempre,
van cubriendo mi rastro de polvo
Camino sin descanso,
me espera tu abrazo terrenal en Atacama
que corta para mí de un tajo este hemisferio.
Me vierto en el sudor, en cada gota,
obedeciendo a la urgencia de los huesos
que duermen soleados, sin testigos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario