Ya es tiempo de arrancar de cuajo las hierbas
que enraízan en mis huesos,
de llenar de letras mi torrente sanguíneo
para nutrir de otra savia mi cerebro
y vomitar palabras ácidas
que vacíen mi corazón de contenido.
Ha llegado la hora de abandonar
los cuarteles de invierno
donde se pudren los caballos
en su sepultura de hojas
y solo hilos de sangre seca
trepan por los muros.
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