Que tengas un año de luz tibia y lluvia mansa,
que la primavera elija anidar en tus huesos;
que camines descalzo sobre tu deseo
y que caigas siempre sobre el aire que te lleva.
Que sueñes algo nuevo que te dicte
los renglones que describen tu materia,
que haya un silencio hábil que te enrede
y que el ruido te salve de ti mismo.
Te deseo el tacto de la piel ajena,
el crujir de las sábanas de agosto,
y que el perfume carnal de tu apetito
se resuelva del todo contrario a lo imposible.
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