Por el hueco de un andén,
hoy he perdido las gafas de verte.
Tu imagen bordada en un espejo
se cuela entre el asombro de mis párpados
mientras te peinas de perfil.
A golpes telegráficos,
tecleas breves líneas con sus puntos,
con gramática llana de revista,
para lanzar un titular a mi pantalla.
Tu sombra se adelanta al diálogo abierto
y escapa en voz baja,
esquivando el gesto que grita escondido.
Doblas la esquina amarillenta
de una página en el libro de familia,
inmune a la maldición de la sal,
y te vas, fotograma a fotograma,
disolviéndote a cada vuelta de cucharilla.
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