Un pronombre cargado en la mirada te presenta.
La muerte va contigo, agarrada a tu cintura.
Mi vida se detiene, abrazada a tu espalda.
El calor que asciende de tu cuerpo de ciervo,
asomado entre ramas de escarcha,
disuelve la herrumbre en las compuertas.
Se fractura en tu boca
la barrera de cemento que te represa
y te filtras entre el musgo sediento de mis dedos.
Acuéstate a mi lado en un lecho de limo
para ver a los nenúfares, desde el fondo,
alejarse despacio
buscando la luz.
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